Después de un inicio de año excepcional y tras la práctica paralización de la actividad entre marzo y junio, se prevé una reactivación de la inversión en el sector inmobiliario español en el segundo semestre, aunque a cierre de ejercicio el volumen captado se reducirá en torno al 30% respecto a 2019. Así se desprende de la edición especial del Market Outlook 2020, estudio que ha elaborado CBRE, firma internacional de consultoría y servicios inmobiliarios, y que supone una revisión extraordinaria de las previsiones anunciadas en el mes de febrero a raíz del impacto sin precedentes causado por la crisis sanitaria del COVID-19.
“El ejercicio arrancó con muy buenas cifras para el sector inmobiliario español, por la gran cantidad de capital disponible, las positivas previsiones macroeconómicas y los sólidos fundamentales del mercado, pero se ha visto afectado por el impacto en la economía del largo y estricto confinamiento adoptado para controlar el número de contagios. En este sentido la ralentización de la actividad a partir de marzo era de esperar”, indica Mikel Marco-Gardoqui, consejero director, head of Capital Markets de la compañía.
Tras los resultados del estudio se estima que la inversión directa en activos inmobiliarios en el mercado español este año será de alrededor de 8.500 millones de euros, cifra que se compara con los más de 12.000 millones captados en 2019 y que quedaría por debajo de los niveles alcanzados los últimos 5 años.
Las perspectivas para el sector inmobiliario se apoyan en las previsiones macroeconómicas que elabora la propia firma, que anticipan que la economía española será, junto a Francia e Italia, de las que mayor caída del PIB registrará este año dentro de la Unión Europea. En concreto, prevé que la economía española será de las que mayor caída del PIB registrará este año dentro de la Unión Europea, entre alrededor de -10% y -13,7% según diferentes escenarios.
Existen 10 desafíos que se deben tener en cuenta para minimizar estas posibles interrupciones en la cadena de suministro durante este año: contexto geopolítico, inestabilidad económica, IA y tecnologías emergentes, cambio en las prioridades de los directores financieros, fenómenos meteorológicos extremos, ESG, cambios en las compras, ciberataques, integridad y calidad de los datos, y brechas de talento.
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